Publicado por Alfonso Vázquez
| 23 Noviembre, 2010

La posibilidad de comentar los artículos en las páginas de los periódicos digitales en muchas ocasiones nos muestran posturas extremas, radicalizadas por el hecho de que esas opiniones se dan con nombre falso o de forma anónima.
Ayer mismo, una noticia positiva para Málaga como era el que aquí se iban a dar nuevas carreras gracias a la alianza con la Universidad de Sevilla, levantó una pequeña ola de indignación antisevillana y en contra de la Junta de Andalucía, como si en lugar de nuevas titulaciones, de la ciudad de la Giralda nos hubiera llegado una plaga de langostas verdiblancas.
En realidad, cualquier noticia que tenga que ver con la capital de Andalucía y con la administración autonómica suele provocar en muchos internautas resquemor y animadversión, por no hablar de aquellos que creen, a pies juntillas, que existe una conspiración hispalense-masónica para hacerse con nuestra región.
También es verdad que se acercan las elecciones municipales, un tiempo abonado para todo tipo de proclamas milenaristas.
Llama la atención que en Málaga, en los últimos tiempos, esté cuajando un discurso de reivindicación fiscal que encaja con las peticiones más retrógradas de todo partido nacionalista que se precie. Mientras en esa región inventada llamada la Padania italiana, en Flandes o en Cataluña se insiste en que estos territorios se desangran con los impuestos para mantener a los vagos que tienen alrededor, en Málaga ya hay voces que se quejan de lo mismo: de que recibimos menos de lo que damos, como si los impuestos los pagaran los territorios, en lugar de las personas.
En todo caso, esta reivindicación sólo demuestra que nacionalismos y localismos están unidos por el mismo sustrato reaccionario y que a veces, las diferencias sólo se limitan a una cuestión de tamaño. Criticar la redistribución de riqueza para acabar con una supuesta maldición sevillana que asfixia la economía malagueña es, aparte de un ejercicio de insolidaridad e inventiva, no caer en la cuenta de lo mucho que la redistribución hace por Málaga.
Sin ir más lejos, la recuperación del Centro Histórico se debe a los dineros de la Unión Europea. A Dios gracias, en Alemania y Francia no han triunfado las tesis políticas que claman por no dar más dinero a unos zánganos como nosotros.
Que los políticos vocingleros de ERC y los localistas malagueños más acérrimos compartan el mismo punto de vista, llámese el enemigo exterior España o Sevilla, debería hacernos pensar.
La Junta de Andalucía es una administración más, con sus aciertos y sus fallos, entre estos, su exceso de burocracia, su despilfarro y su cuota de inútiles, como en todas partes.
Dejemos de una vez las conjuras provincianas y centrémonos en sacar adelante Málaga, sin necesidad de buscar culpables de fuera. Cedamos esa tarea sin sentido al nacionalismo carca.
El triunfo
En la calle Dolores Ibárruri aún ondean en las farolas banderas españolas en recuerdo del Mundial.